lunedì 22 settembre 2008

Sabrina La De Las Tetas

Sabrina La De Las Tetas


  • —Siga con lo que estaba haciendo —dijo—. No se preocupe por mí.
  • La primera, víspera de un cinco de Diciembre, la casa llena de adornos navidenos. Mamá, Nico, y yo. Cocinamos pasteles, preparamos regalos. Nico y yo correteamos por la sala, nos perseguimos, reímos a carcajadas. Afuera hace frío. Vestimos gruesos jerséis de lana, pero en la casa sabrina la de las tetas hace calor, lo que provoca que nuestros rostros sean sonrosados.
  • Lleva tres días haciéndolo y Cristina odia eso. Él odia los misterios de Cristina.
  • Fernández no quiso cerrar los ojos, se arrojó al sabrina la de las tetas mar mirando fijamente una nube blanca que se destacaba sobre un pedacito de cielo violeta.
  • Dicen que en aquel mismo lugar donde Gerión había exhalado su último suspiro, el héroe mandó construir una torre, una inmensa torre en honor a la afrenta que allí se había librado,
  • La puerta se ha cerrado tras de ti y yo he continuado llorando como un estúpido iluso. No esperaba mucho de ti, habría bastado un roce de tu piel para arrancarme del lodo.
  • Él vio como Fernández recogía sus cabellos con una cinta roja pero no vio sus lágrimas.
  • Por eso yo también sonrío. El sentimiento de paz me invade. Y no tengo que preocuparme por nada más, tan solo sentir, dejarme llevar. Ya no escucho el sonido de las olas. Ahora todo es calma. Nieve y calma, copos que brillan, que emiten destellos, que flotan a mi alrededor…Y yo floto con ellos. No soy capaz de ver a Julián, pero sé que está ahí, a mi lado.
  • La manana de trabajo le resulta insoportable y más sabiéndola a ella en casa. No puede soportar más este martirio, sabrina la de las tetas este tormento insufrible de pensarla sonando en otros brazos, anhelando otras sonrisas. Malditas las palabras que ella deja que la envuelvan.
  • —No, no tengo —le respondí casi sin pensar, y no era cierto.
  • Me miró fijamente. El ojo bueno le brillaba mucho en comparación con el artificial. Por la forma como me miraba parecía como si adivinase los detalles del abandono de mi mujer.
  • Entonces bebo para recuperar mi equilibrio hídrico, copas y más copas de absenta, que le devuelven a mi vida una cualidad untuosa.
  • A veces la inspiración me llega como una especie de posesión incontrolable, y emborrono cualquier superficie susceptible de ser manchada por mi carbón: paredes, manteles, servilletas, camisas...
  • La bola cayó sobre la mesa y ella se levantó de un salto. Era el 60.


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